PRÓLOGO POR GENÍS MP
La IA Generativa, que en este manifiesto pasará a ser llamada simplemente ia, porque no es merecedora de la importancia que llevan implícitas las mayúsculas ni del tiempo, megabytes o tinta que requiere puntualizar lo de “generativa” cada vez.
La ia es, seguramente, la lucha más particular que le toque vivir a un “artista” como yo en 2026. Ah, sí. “Artista”. Qué palabra más bella para clasificar a los trabajadores del mundo del espectáculo, del entretenimiento, de la industria del entretenimiento. ¿Cómo de artístico puede ser el proceso de la creación cuando nuestro modus operandi es el mismísimo que implantó Henry Ford hace ya más de cien años en sus fábricas? Un animador 3D (nótese, tampoco uso mayúsculas) como yo ficha a las ocho de la mañana, cumple con su cometido dentro de la cadena, dibujando sin salirse de los márgenes, deja el trabajo sobre la mesa y “gracias, cierre la puerta al salir” para fichar al acabar mi jornada de ocho horas. Nunca en mi vida he oído hablar de arte y fordismo en la misma frase (en alguna sátira, tal vez). Y nunca lo he oído porque el fordismo es el antónimo de la artesanía, del arte. Tal vez sea eso lo que pueda aportar la ia, un antónimo oficial y oficioso para la palabra arte.
Pero incluso así, he de decir que al trabajar me siento rodeado de arte. Tal vez sea difícil hacerlo, tal vez sea difícil verlo (desde dentro, al menos), pero veo el trabajo de mis compañeros, veo la comunión entre departamentos y, por instantes, veo chispazos que son dignos de llamarse arte. Porque, a pesar de nuestras condiciones de trabajo, sé que mis compañeros viven por y para hacer su arte. Y si algún día puedo dudar, me convenzo a mí mismo al ver la reacción de mis compañeros cuando no consiguen hacer ese arte. De nuevo, es difícil verlo, es difícil sentirlo, pero lo damos todo por el verbo “hacer”.
Incluso eso nos quieren quitar.
MANIFIESTO CONTRA LA ia (generativa)
Un espectro se cierne sobre el mundo: la ia. Una nuevo forma de hacer (o no hacer, de hecho) que se vende, nunca sin un precio, a todo aquel dispuesto a consumir imagenes como cerdo incapaz de distinguir comida de mierda.
La ia ha llegado para quedarse. Eso sin duda.
La ia ha llegado para quedarse, sobre todo, porque así lo quieren todas las tecnológicas estadounidenses que han apostado todo al rojo, incluyendo el propio gobierno.
La ia ha llegado para quedarse porque es una herramienta para ahorrarse intermediarios, trabajadores y multiplicar plusvalías.
Para quedarse porque a día de hoy ya es prácticamente invisible, indistinguible de la realidad ya tan deformada ahora mismo.
Para quedarse porque es la mejor forma de control. Elimina la necesidad de colaborar, de estar abierto y de escuchar.
Porque es una forma de tener sin hacer.
Y sobre todo, la ia ha llegado para quedarse porque la gente no está dispuesta a reaccionar, a oponerse, a ser activa contra ella y sus productos.
No tiene por qué ser así.
I LA SEMILLA DEL DIABLO
Te alegrará saber que ningún desastre ha acompañado el comienzo de una empresa que has considerado con tan malos presentimientos. Y una mierda.
Es difícil situar en un mapa, en un diario, el día en que nació lo que hoy consideramos ia generativa, pues no es más que la evolución (seguramente orgánica, natural) de muchos años, trabajo duro y dedicación de un ya por entonces gigante que ha acabado constituyendo un monstruo.
Pero en lugar de un solo ente que ha ido creciendo, la ia es un organismo que ha ido reproduciéndose y, a cada progenitor, cambiando, evolucionando.
Aunque no quiera decirlo en voz muy alta aquí, la IA ha sido una herramienta increíble durante muchísimos años que ha democratizado y simplificado muchísimos procesos en muchas áreas y campos distintos. Pero la ia generativa es la oveja negra de la familia. Peor, es el heredero real demente y poseído por delirios de grandeza.
Y lo es desde el día de su alumbramiento, desde el día en que se concibió incluso. Y nació del resto de cuerpos expropiados, robados, exhumados y profanados.
La ia ha sido entrenada a base de cientos, miles de imágenes robadas del trabajo de seres humanos reales. Mientras las leyes de propiedad intelectual protegen a los estudios, las compañías y las empresas, el trabajador queda expuesto a las necesidades del capitalismo.
Pero el martirio no busca solo el castigo, busca la humillación. La ia nos ha robado y vende su producto a menor precio. Y así es porque tu siguiente búsqueda en google resultará en una recolección de data de varias páginas web. El trabajo de ese redactor, el tiempo de ese internauta en el foro, quedarán resumidos y te serán presentados como palabra de dios, con sus respectivas negritas y emojies🤷♂️. Sin rastro alguno de quien lo trabajó.
*AI responses may include mistakes. Learn more
II ia aRTIST
Los CV’s no han tardado en contagiarse de la peste. Tampoco las universidades, que ya han encontrado su próxima campaña de marketing. Los padres pueden estar tranquilos: la ia es el futuro; ahí hay mucho trabajo, mucho dinero.
Las palabras ia y artist nunca pueden ir acompañadas; son dos imanes del mismo polo que solo pueden juntarse a la fuerza. Y es así porque la ia es un resultado sin proceso.
La realidad es que el proceso creativo depende de sus limitaciones. De tus limitaciones, debería decir. De las del artista. Y es solo a través del proceso colaborativo que se llega al hacer.
Muchas veces se ha dicho que el cine es un deporte de equipo. “Si quieres hacerlo tú todo, escribe un libro”. Incluso eso es una falacia. ¿Por qué nos hacemos los ciegos ante el rol del editor, por ejemplo? ¿O del de todas las personas involucradas en el proceso de documentación? No hay arte que se haga a solas, a oscuras. Y sobre todo, no hay arte que no se haga. Y la clave reside en el verbo hacer.
En mayor o menor medida, todos somos creadores. Todos somos artistas o, como mínimo, todos tenemos inquietudes y pulsiones artísticas. Porque todos tenemos algo que nos gusta hacer. Y cuando dejamos que la ia generativa exista, evitamos que la gente a quien le gusta hacer pueda hacerlo.
En castellano usamos la palabra cineasta, en inglés, filmmaker. Y en esta ocasión, lo explícito de la lengua anglosajona es esclarecedora. Steven Spielberg, el filmmaker por antonomasia, era una persona que hacía cine. Tanto hemos venerado la palabra cine que nos olvidamos del maker.
Existen aquellos que quieren escribir un libro y quienes quieren haber escrito un libro. La ia nos da la oportunidad a todos de ser lo que queramos sin esfuerzo alguno. Y ahí reside el gran peligro de la ia. Aunque ver un meme, escuchar una canción o leer los resúmenes de la ia pueda parecer indoloro, ¿qué estudio tomará el riesgo de pagar a un humano que haga una pieza musical durante semanas cuando la ia te hace ochenta en una hora? ¿Qué productora contratará a un humano si gtp te hace un anuncio de Navidad con Brad Pitt? ¿Qué YouTuber pagará a un diseñador gráfico para hacer las miniaturas que Gemini te prepara en treinta segundos?
Aquellos que quieren que existan productos que vender, no van a dudar en usar la ia. la odisea de prime video ya es un éxito exceliano comparable al de La Odisea de Christopher Nolan.
Instagram, YouTube, portadas de libros y dípticos de la Seguridad Social. Cada día nuestros ojos se acostumbran más y más a imágenes ultraprocesadas. Nuestros estómagos ya pueden vivir a base de McNetflix.
Pongamos en valor a los que hacen. No solo porque seamos unos románticos que creen en el valor de lo bello. Hagamoslo porque nos respetamos. Porque nos queremos lo suficiente para querer lo mejor para nosotros mismos. Y por rechazar aquello que sea que nos lo quiera arrebatar.
III LA BANALIDAD DEL MAL
Y LOS NIÑOS PEQUEÑOS
Para muchos, consumir ia es como consumir cocaína del agua de Barcelona. Lo hacemos sin querer, conscientes de lo nocivo para nuestro cuerpo y mente, pero sin importarnos demasiado. Porque es invisible. Porque está en todos lados y, ¿para qué negarlo? Nos hace un poco de gracia.
Precisamente por esto es importante hacer un escrito como este. Porque el consumo de ia es otro ejemplo más de todos nuestros haceres y microhaceres cancerígenos tanto para uno mismo como para muchos otros más. La ia es una amenaza no por todo lo que es o puede ser, sino por lo diluida que está en nuestra sopa. Porque todo el mal que hacemos es un modelo ejemplar de lo que Hannah Arendt beutizó como La banalidad del mal.
Cada vez que premiamos con nuestro dinero un producto, cada vez que pagamos una entrada al cine, cada vez que dejamos nuestro like o le damos a compartir y cada vez que no señalamos ni denunciamos, cada pequeño gesto, ya sea voluntario o involuntario, nos mete la ia un poco más y más dentro. Por mucho lubricante de marca que nos pongan, nos la están metiendo hasta el fondo.
Y siempre nos quedará el argumento más pobre y vergonzoso oído en cualquier terraza o bar. ¿Qué quieres que haga? No voy a dejar de… Como si fuésemos niños incapaces de controlar nuestro esfínter y de no mearnos encima. Abiertos a hacernos daño a nosotros mismos porque nos negamos a la posibilidad de hacer un sacrificio que, al fin y al cabo, nos beneficiaría a nosotros mismos. Infantes con cero control sobre nuestras acciones para no tener que cargar con el peso de nuestras responsabilidades.
Qué triste tratar con tanta condescendencia y paternalismo a uno mismo.
IV PRIMERA Y TERCERA LEY DEL ACTIVISMO
Quienes rechacen la ia no son nada si su posición es pasiva. Y es la única conclusión plausible porque:
a) Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.
c) Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto.
A grandes rasgos, un objeto quieto se queda quieto. O lo que es peor, un objeto en movimiento seguirá su camino. Solo una fuerza externa puede cambiar su estado.
Y a esa fuerza externa le aparecerá una reacción, contraria e igual.
Tal vez sea por eso que los hechos acontecidos durante el (autoproclamado mejor festival de animación del mundo) Annecy Film Festival de 2026 hayan cobrado tanta importancia para todos aquellos que luchamos contra la ia. Porque ya antes de que empezara el cortometraje Danse Macabre de Hisko Hulsing, los animadores, los artistas, los trabajadores abandonaron la sala de cine. Y lo que es mejor, los que se quedaron durante su proyección abuchearon el producto.
Si el Annecy Film Festival fuese un lugar por y para los artistas, Annecy se enorgullecería de lo ocurrido y lo llevaría por siempre jamás en su pecho, como si fuese una medalla de guerra. Los responsables de la organización del festival ya han dejado claro con sus numerosas declaraciones que no lo ven así. Por suerte, no se puede ser propietario de ideas ni de todo un sentir.
La Danse Macabre de Hisko Hulsing es y será, por siempre jamás, un icono de la lucha de los trabajadores y los amantes contra la ia.
b) El cambio de movimiento es directamente proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime.[
A LOS QUE ESTÉIS CON NOSOTROS,
¡DEIGAMOS BASTA!